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Crear tu propia solución de agentes IA: riesgos y complejidad real

Escrito por Claudia Sánchez | ago. 31, 2026

Según Forbes España 2026, el 87,2% de las empresas ya utiliza agentes de IA y un 86,2% asegura ahorrar tiempo gracias a estas herramientas. Sin embargo, solo el 12,8% percibe un impacto directo en ingresos. Esta diferencia entre adopción y rentabilidad explica por qué muchas organizaciones deciden dar el siguiente paso, crear agentes IA propios, en lugar de depender de soluciones genéricas que resuelven tareas puntuales.

Esta decisión suele surgir después de probar herramientas externas y comprobar que la eficiencia operativa no necesariamente se traduce en resultados de negocio. El interés por desarrollar agentes internos es creciente, pero también existen dudas sobre lo que implica este proceso.

En este artículo conocerás los criterios prácticos para evaluar la creación de agentes IA propios y entender cuándo realmente tiene sentido desarrollar una solución desde cero. 

¿Qué son los agentes IA y cómo funcionan? 

Los agentes IA son sistemas capaces de realizar tareas de forma autónoma a partir de un objetivo definido. A diferencia de una automatización tradicional, no siguen únicamente instrucciones preestablecidas, sino que pueden analizar el contexto y decidir qué acciones ejecutar para alcanzar el resultado esperado.

Su funcionamiento se basa en un ciclo continuo, primero reciben un objetivo, luego analizan la información disponible, determinan qué acción realizar y utilizan herramientas externas cuando es necesario. Después, evalúan el resultado obtenido y continúan con el proceso hasta completar la tarea. Para hacerlo, pueden conectarse con plataformas como CRM, ERP o bases de datos.

La complejidad aumenta cuando el agente debe interactuar con varios sistemas al mismo tiempo. Cada integración añade información y posibles puntos de fallo que deben gestionarse correctamente. Por eso, crear agentes IA propios requiere entender no solo cómo funcionan, sino también cómo toman decisiones, qué herramientas utilizan y qué efectos pueden generar dentro de la operación.


Diferencia entre automatización simple y agentes autónomos inteligentes 

La automatización simple trabaja con reglas previamente definidas para ejecutar tareas repetitivas y predecibles. Por ejemplo, puede copiar información entre sistemas, ingresar datos de forma masiva o generar reportes periódicos siguiendo siempre las mismas instrucciones. Si aparece una situación que no está contemplada en las reglas, el proceso no puede continuar por sí solo y necesita intervención humana.

Los agentes autónomos inteligentes funcionan a partir de un objetivo, no de una secuencia fija de instrucciones. Pueden analizar la información disponible, evaluar diferentes opciones y decidir qué acción realizar según el contexto. Por ejemplo, un agente puede recibir una solicitud de un cliente, consultar su historial, buscar información en un sistema y determinar si puede resolver el caso o debe derivarlo a un agente humano.

La diferencia principal está en la capacidad de decisión. La automatización simple ejecuta pasos definidos previamente, mientras que un agente autónomo interpreta el contexto y decide cómo alcanzar un objetivo. Por eso, elegir entre ambas opciones depende del tipo de tarea, los procesos repetitivos y predecibles pueden resolverse con reglas fijas, mientras que las situaciones que requieren análisis pueden beneficiarse de agentes IA.

¿Cómo estructurar un agente IA?

La arquitectura de un agente IA determina cómo recibe información, toma decisiones, utiliza herramientas y controla cada paso de una tarea. Una estructura bien definida permite que el sistema funcione de manera más predecible y facilita detectar errores cuando algo no sale como se esperaba. A continuación, te mostramos los principales elementos que debes considerar para estructurar un agente IA. 

Orquesta explícita 

Un agente IA necesita seguir una secuencia para determinar qué hacer en cada situación. Primero recibe el objetivo y analiza la información disponible; después decide qué acción puede acercarlo al resultado esperado y utiliza la herramienta correspondiente. Una vez realizada la acción debes considerar aspectos como:

  • Revisa el resultado obtenido

  • Determina si puede continuar

  • Si necesita realizar otra acción

  • Si debe detener el proceso

Definir este ciclo permite establecer límites claros para las decisiones del agente. Por ejemplo, si necesita consultar el historial de un cliente antes de responder, primero debe obtener esa información y analizarla antes de ejecutar cualquier acción. Si no encuentra los datos necesarios o la situación supera sus permisos, el flujo debe indicar que solicite información adicional o derive el caso a una persona.

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Contratos de herramientas determinadas

Un agente IA puede necesitar conectarse con diferentes herramientas para completar una tarea, como un CRM para consultar información de clientes, un ERP para revisar pedidos, una plataforma omnicanal para acceder al historial de conversaciones en distintos canales, o una base de datos para obtener información específica. 

Para ello, es importante establecer con claridad qué información puede consultar el agente, qué acciones puede realizar y bajo qué condiciones puede ejecutarlas. Por ejemplo, un agente puede tener permiso para consultar el estado de un pedido, pero no necesariamente para modificarlo o cancelarlo. 


Baterías de evaluación

Antes de ampliar el uso de un agente IA, es necesario comprobar que pueda responder correctamente en diferentes situaciones y no solo en los casos utilizados durante su desarrollo. La evaluación permite revisar si interpreta bien las solicitudes, utiliza la información disponible, selecciona las herramientas adecuadas y sigue las reglas definidas para cada proceso.

Las pruebas deben incluir situaciones habituales, pero también casos inesperados, información incompleta y solicitudes que puedan generar errores. Por ejemplo, si el agente no encuentra un dato necesario, debe saber cómo actuar en lugar de inventar una respuesta o ejecutar una acción incorrecta. Evaluar estos escenarios permite detectar sus limitaciones y corregirlas antes de aumentar el número de usuarios, procesos o sistemas conectados.

Observabilidad constante 

Permite tener visibilidad sobre lo que hace el agente durante cada etapa de una tarea. Esto implica registrar las decisiones que toma, las herramientas que utiliza, la información que consulta y los resultados que obtiene. Con estos datos, el equipo puede entender cómo está funcionando el sistema y comprobar si sus acciones corresponden con el objetivo para el que fue diseñado.

También permite detectar errores y conocer qué ocurrió antes de que se produjera un resultado incorrecto. Si el agente consulta una fuente equivocada, utiliza una herramienta de manera incorrecta o toma una decisión inesperada, los registros ayudan a identificar el origen del problema. Mantener esta supervisión después de la implementación permite detectar cambios en su comportamiento y realizar ajustes cuando aumenta el volumen de trabajo.

Centralización y control de agentes inteligentes

La centralización permite que los agentes IA trabajen con información conectada y que la organización pueda supervisar sus acciones desde un mismo entorno. Esto es importante porque un agente puede interactuar con diferentes sistemas y participar en varias etapas de un proceso, haciendo más difícil identificar qué ocurrió cuando aparece un error. A continuación, te mostramos los principales aspectos que debes considerar para centralizar procesos. 

Coordinación desde un punto central

Cuando una organización utiliza varios agentes IA, cada uno puede encargarse de una tarea diferente, como responder consultas, consultar información en un CRM o gestionar solicitudes. El problema aparece cuando estos agentes se desarrollan de manera independiente y no existe una coordinación entre ellos. 

Contar con un punto central de coordinación permite definir qué función cumple cada agente y en qué momento debe intervenir. Por ejemplo, un agente puede recibir la solicitud del cliente y determinar qué tipo de caso es, mientras otro se encarga de consultar la información necesaria y un tercero ejecuta la acción correspondiente.


Definir reglas de gobernanza para cada agente

Cada agente IA debe tener límites claros sobre las tareas que puede realizar dentro de la organización. Por ejemplo, un agente encargado de atención al cliente puede consultar el historial de compras y responder preguntas sobre pedidos, pero no necesariamente debería tener permiso para modificar datos, realizar devoluciones o acceder a información financiera. 

También es importante establecer cuándo una decisión puede ejecutarse automáticamente y cuándo debe intervenir una persona. Si una solicitud implica una acción sensible, el agente puede preparar la información y enviarla a un responsable para su validación antes de ejecutarla. De esta manera, la gobernanza no busca limitar la utilidad del agente, sino establecer reglas que permitan utilizar su autonomía de forma controlada.

Supervisar el desempeño y los costos

Una vez que los agentes IA comienzan a operar, es necesario comprobar si realmente están cumpliendo con los resultados esperados. Para ello, se pueden revisar aspectos como la cantidad de tareas que completan, los errores que presentan, las veces que necesitan intervención humana y el tiempo que utilizan para resolver cada solicitud. 

También es importante controlar los recursos que utiliza cada agente, especialmente cuando trabaja con modelos de IA, múltiples herramientas o grandes cantidades de información. Tener estos datos centralizados permite comparar el rendimiento de los agentes, detectar cuáles generan mayores costos y determinar si su funcionamiento realmente aporta valor a la operación.


Mantener el cumplimiento y la trazabilidad

A medida que los agentes IA intervienen en más procesos, es necesario conservar un registro de sus acciones para saber qué decisión tomó cada sistema, qué información consultó y qué herramientas utilizó. Esto permite comprobar que el agente está actuando dentro de los permisos y reglas establecidos, especialmente cuando trabaja con datos de clientes o participa en procesos sensibles.

Estos registros también permiten reconstruir una interacción cuando ocurre un error o durante una auditoría. Si una decisión genera un resultado inesperado, el equipo puede revisar el historial para identificar qué agente intervino, qué información recibió y qué acción ejecutó. Así, la organización mantiene mayor control sobre sus agentes y puede detectar y corregir problemas con mayor rapidez.


Métricas para evaluar el desempeño del agente IA 

Medir el funcionamiento de un agente IA permite saber si realmente está cumpliendo el objetivo para el que fue desarrollado y si los recursos utilizados se justifican. No basta con comprobar que responde correctamente o que una herramienta funciona de manera individual, porque un agente puede completar cada paso de forma adecuada y aun así no conseguir el resultado esperado. A continuación, te mostramos las principales métricas que puedes utilizar para evaluar un agente IA.

Tasa de finalización de tareas

Esta métrica indica qué porcentaje de las tareas que recibe el agente logra completar correctamente hasta llegar al resultado esperado. A diferencia de medir únicamente si respondió bien una pregunta o utilizó correctamente una herramienta, aquí se evalúa todo el proceso.

Una tasa baja puede indicar que el agente encuentra dificultades en alguna etapa del proceso, como interpretar la solicitud, acceder a una herramienta o decidir qué acción realizar. Analizar estos casos permite identificar dónde se producen las interrupciones y realizar ajustes antes de aumentar el volumen de tareas que el agente debe gestionar.

Eficiencia en el uso de herramientas

Un agente IA puede conectarse con diferentes herramientas para completar una tarea, como un CRM, una base de datos o un sistema de gestión. Medir su eficiencia implica comprobar si sabe elegir la herramienta adecuada, consultar únicamente la información que necesita y ejecutar las acciones necesarias para alcanzar el resultado esperado. 

Por ejemplo, si necesita conocer el estado de un pedido, debería consultar directamente el sistema correspondiente en lugar de realizar varias consultas innecesarias. Cuando el agente utiliza más recursos de los necesarios, puede aumentar el tiempo de respuesta y el costo de cada ejecución. Revisar este comportamiento permite simplificar el flujo y conseguir que el agente complete sus tareas de manera más rápida y eficiente.


Costo por ejecución

Cada vez que un agente procesa una solicitud puede consumir recursos relacionados con el modelo de IA, las herramientas conectadas y la infraestructura utilizada. Medir el costo por ejecución permite conocer cuánto cuesta realmente automatizar una tarea y compararlo con el valor que genera.

Esta métrica adquiere mayor importancia cuando aumenta el volumen de operaciones. Un costo aparentemente pequeño por interacción puede convertirse en un gasto considerable cuando el agente procesa miles de tareas. Por eso, conocer este indicador ayuda a determinar si la automatización resulta sostenible y si conviene seguir escalándola. 

Relevancia de las respuestas

La relevancia permite evaluar si las respuestas del agente realmente responden a lo que el usuario necesita y si utilizan correctamente el contexto de cada interacción. Una respuesta puede contener información correcta, pero no ser útil si no responde directamente a la solicitud, está incompleta o ignora datos que el cliente ya proporcionó.

Por ejemplo, si un cliente pregunta por el estado de un pedido específico, el agente no debería limitarse a explicar cómo consultar pedidos, sino identificar el pedido correspondiente y proporcionar la información disponible. Evaluar este tipo de respuestas permite detectar cuándo el agente necesita mejorar sus instrucciones o consultar mejores fuentes de información.


Riesgos al desarrollar agentes IA en tu organización 

Los agentes IA pueden automatizar tareas y tomar decisiones de forma autónoma, pero desarrollarlos sin una planificación adecuada puede generar problemas difíciles de detectar. El riesgo aumenta cuando estos sistemas comienzan a interactuar con diferentes herramientas, datos y procesos de la organización. A continuación, te mostramos los errores más comunes al desarrollar agentes IA. 

Subestimar la calidad de los datos

Un agente IA necesita información confiable para analizar situaciones y tomar decisiones. Si los datos están desactualizados, incompletos o presentan contradicciones entre diferentes sistemas, el agente puede interpretar el contexto de manera incorrecta y generar resultados que no corresponden con la situación real.

Por eso, antes de desarrollar el agente, es importante revisar las fuentes que utilizará, validar la calidad de la información y establecer reglas para mantenerla actualizada. De esta manera, se reduce el riesgo de que el sistema tome decisiones basadas en información incorrecta y se consigue una base más confiable para su funcionamiento.


Automatizar sin entender el proceso 

Otro error es intentar automatizar un proceso sin analizar primero cómo se ejecuta realmente. En muchas organizaciones existen decisiones que los colaboradores toman según su experiencia o criterios que nunca fueron documentados. Si estos pasos se trasladan directamente al agente, pueden aparecer inconsistencias o decisiones que el sistema no sabe cómo gestionar.

Antes de automatizar, es necesario identificar las etapas del proceso, las reglas que se aplican y las situaciones que requieren intervención humana. Esto permite definir con mayor claridad qué puede hacer el agente por sí mismo y en qué momentos debe detenerse o solicitar una revisión.

Exceso de autonomía 

Un agente puede realizar diferentes acciones de manera independiente, pero eso no significa que deba tener libertad absoluta dentro de la operación. Cuando puede modificar información, ejecutar transacciones o tomar decisiones con impacto financiero sin controles adecuados, un error puede generar consecuencias importantes.

La autonomía debe establecerse de acuerdo con el nivel de riesgo de cada tarea. Para acciones sensibles, pueden implementarse límites, permisos específicos o validaciones humanas antes de completar una operación. Así, el agente mantiene capacidad para trabajar de forma autónoma sin quedar fuera del control de la organización.

Falta de pruebas y supervisión 

Realizar pruebas básicas o con un número reducido de casos no garantiza que un agente IA pueda responder correctamente cuando se enfrente a situaciones más variadas. Al entrar en producción, puede recibir consultas diferentes, trabajar con información incompleta, encontrar errores en otros sistemas o enfrentarse a decisiones que requieren mayor análisis. 

Antes de implementarlo a gran escala, es necesario comprobar su comportamiento en distintos escenarios, incluyendo casos habituales, situaciones inesperadas y posibles errores. También conviene verificar que utilice correctamente la información disponible, respete las reglas establecidas y sepa cuándo debe derivar un caso a una persona.


Conclusión

Construir agentes IA propios requiere mucho más que elegir un modelo y conectarlo con algunas herramientas. Es necesario definir qué tareas realizará, qué decisiones podrá tomar, con qué información trabajará y cómo se evaluará su desempeño. Una estructura clara desde el inicio permite reducir errores y evitar problemas cuando el agente comienza a operar a mayor escala.

Además, la supervisión debe mantenerse durante todo el ciclo de funcionamiento del agente. Medir sus resultados, controlar los costos, revisar sus decisiones y establecer límites de autonomía permite identificar oportunidades de mejora sin perder el control de la operación. De esta manera, la organización puede escalar el uso de agentes con una base más sólida.

Con Beex, las empresas pueden centralizar sus procesos de atención y aprovechar herramientas de inteligencia artificial dentro de una operación conectada, facilitando la gestión de interacciones y el seguimiento de resultados.